lunes, 2 de septiembre de 2013

ICONOGRAFÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLACIÓN


“María, Madre de la Consolación” es un título que encierra en sí la dimensión de la presencia materna de María en la Iglesia y en el mundo.

Referido a María no es un título explícitamente bíblico, pero se desprende de Lc 2, 25 (Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, descubre en brazos de María la Consolación de Israel). Con alusiones muy antiguas, es uno de los tantos títulos nacidos y propagados al calor mariano de la Edad Media.

María Rosa Molas, mujer muy mariana, pone a su Congregación bajo el patrocinio de la Virgen, con el título de Nuestra Señora de la Consolación. Un nombre para una Obra: Consolación desde la misericordia de Dios para el dolor del hombre. Un nombre que sintetiza un carisma y expresa una misión.

Un nombre con un hondo contenido bíblico, y al mismo tiempo, tan entrañable y sencillo. Un nombre muy en consonancia con la función maternal de María, que llevó en su seno al Consolador y se acercó, con bondad y gesto de consolación, al dolor del hombre.

La imagen de Nuestra Señora de la Consolación, tiene un manto que le cae por los hombros, sus manos, aunque no extendidas, ensanchan hasta el infinito el espacio que cobija a los hombres: Jesús y la Cruz. En su brazo izquierdo lleva la Virgen a Jesús Niño, que lleva el mundo en su manito derecha y con su manito izquierda bendice; en la mano derecha, María lleva la Cruz. María en la Encarnación y en el dolor de Jesús, acompañando y sosteniendo al hombre en su travesía y en su cruz.

María, Madre de Consolación, como un icono vivo entre el dolor del hombre y la entrega sustancial, personal del consuelo y misericordia de Dios al hombre, que es Jesús. Ahí está de pie, como expresión imperecedera del gran misterio de Dios y del hombre, como respuesta maternal a esas coordenadas que entretejen la vida de todo ser humano: aceptar a Jesús, que se nos entrega, y aceptar -en su sufrimiento- el misterio de su cruz.
Si en Ella Dios nos ha dado la versión materna de su Consolación, nosotros, discípulos de Cristo, somos el cauce de la Misericordia y Consolación del Padre en Cristo para con nuestros hermanos los hombres.

La fiesta de la Virgen de la Consolación se celebra el día 4 de septiembre.

Nos conceda María, la Virgen, ser para todos lo que Ella fue en la vida y misión de su Hijo. Si nuestra fe alcanza este nivel de madurez, podemos ser y llevar la Consolación de Dios a nuestro mundo.

(Síntesis de textos de Mª Esperanza Casaus Cascán)



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